De la comunidad a la evidencia: 19 años transformando vidas, construyendo futuro

Hay organizaciones que cumplen años contando calendarios. Y hay otras que los cuentan en las vidas que han acompañado, en las barreras que han logrado derribar y en las conversaciones que consiguieron poner en el centro de la agenda pública.
Red Somos pertenece a ese segundo grupo.
El 31 de agosto de 2007 nació como una organización de base comunitaria con una apuesta que, en aquel momento, parecía tan sencilla como urgente; acercar los derechos, la participación y las políticas públicas a las personas y territorios donde la discriminación seguía siendo una experiencia cotidiana. Su trabajo comenzó en el centro de Bogotá, particularmente en La Candelaria, Santa Fe y Mártires, con sectores LGBTIQ+, jóvenes y mujeres.
Diecinueve años después, aquella apuesta se ha convertido en un modelo de trabajo que combina comunidad, salud, investigación, incidencia, protección social y gestión del conocimiento. Una trayectoria que hoy suma 117 proyectos, más de 192.000 participantes alcanzados directamente en 22 ciudades y municipios, y una red de más de 60 organizaciones e instituciones aliadas.
Pero las cifras, por sí solas, no explican lo que significa Red Somos.
Para entender estos 19 años hay que mirar aquello que está detrás de los números; una comunidad que decidió organizarse, una organización que aprendió a producir evidencia desde los territorios y un modelo que convirtió ese conocimiento en acciones capaces de transformar vidas y también de incidir en las decisiones del Estado.
Comunidad
La historia de Red Somos comienza donde muchas políticas públicas deberían comenzar: en el territorio.
Miguel Ángel Barriga, director ejecutivo y fundador de la organización, recuerda que la primera gran intención fue territorializar la política pública LGBTIQ+, llevarla más allá de los decretos y convertirla en posibilidades concretas para las personas en sus barrios y localidades. Aquella apuesta implicaba crear espacios de socialización, fortalecer escenarios comunitarios y hacer visible que la discriminación también tenía una dimensión territorial.
Ese origen explica una de las ideas que más profundamente atraviesan la trayectoria de Red Somos: la comunidad no es una población objetivo. Es parte de la solución.
Con el paso de los años, esa mirada se convirtió en una metodología basada en el trabajo entre pares. Entre 2012 y 2018, Red Somos fue subreceptora del proyecto de VIH/Sida del Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la Malaria y la Tuberculosis, experiencia que contribuyó a consolidar un modelo comunitario que posteriormente daría paso a la Unidad Médica Comunitaria.
Miguel lo explica desde la experiencia acumulada:
“Reconocemos en las comunidades un poder fundamental en los modelos de intervención de cercanía”.

Esa cercanía no es solamente geográfica. También significa hablar el lenguaje de las comunidades, comprender sus códigos, sus tiempos y sus realidades, y reconocer las barreras que muchas veces no aparecen en los formularios ni en los protocolos institucionales: el estigma, la discriminación, la homofobia o la transfobia.
La experiencia también llevó a Red Somos a ampliar su campo de acción. Desde 2018, ante la llegada de personas LGBTIQ+ y personas viviendo con VIH provenientes de Venezuela, la organización desarrolló respuestas específicas para población migrante, refugiada y retornada, al tiempo que fortaleció su apuesta por el reconocimiento de las organizaciones comunitarias como actores fundamentales de los sistemas de salud y protección social.
Hoy, esa visión se expresa en una presencia territorial más amplia. En 2024, Red Somos reportó sedes comunitarias en Bogotá, Soacha y Barranquilla además de una Unidad Médica Comunitaria orientada a la atención diferencial en salud sexual.
La comunidad, entonces, no fue solamente el punto de partida. Ha sido el hilo conductor de estos 19 años.
Evidencia
Hay una segunda transformación silenciosa pero decisiva en la historia de Red Somos. La organización aprendió que la experiencia comunitaria también produce conocimiento.
Durante años, hablar de salud pública significó muchas veces hablar desde las instituciones hacia las comunidades. Red Somos ha intentado invertir esa lógica; escuchar primero, trabajar desde el territorio, documentar los resultados y convertir esa experiencia en evidencia capaz de dialogar con la ciencia y con las políticas públicas.
Jhon Ramírez, cofundador y Director del Centro Médico Comunitario Red Somos IPS, resume esa apuesta de manera contundente:
“Damos continuidad desde lo clínico al modelo comunitario desarrollado desde hace 19 años por Red Somos como una estrategia de atención desde y para las poblaciones de mayor riesgo y vulnerabilidad”.
Para Ramírez, uno de los mayores desafíos consiste precisamente en lograr que la atención clínica pueda aterrizar en los contextos reales de las personas sin renunciar a la mejor evidencia científica disponible.
Ese principio se ha reflejado en resultados concretos. En 2024, la Unidad Médica Comunitaria reportó 16.608 tamizajes para VIH y sífilis, mientras que el propósito declarado no era simplemente realizar pruebas, sino lograr diagnóstico, vinculación al tratamiento y continuidad en la atención.
El mismo enfoque aparece en el modelo Centro Comunitario Juvenil CCJ. Su primera fase, desarrollada entre 2022 y 2025 en Bogotá y Soacha, alcanzó a 12.402 jóvenes y realizó 8.735 pruebas rápidas de VIH. El modelo logró, además, que el 92 % de las personas con diagnóstico reactivo iniciaran tratamiento antirretroviral gracias al acompañamiento comunitario y la articulación con el sistema de salud.
La evidencia también ha servido para demostrar algo fundamental: que innovar en salud no siempre significa crear una nueva tecnología. A veces significa cambiar la forma en que se llega a las personas.
Así ocurrió con el modelo del Cibereducador, que llevó la educación, la prevención y el acompañamiento a espacios digitales utilizados por las comunidades. En 2026, esta estrategia recibió el Premio de Innovación Comunitaria durante AIDS 2026, reconocimiento otorgado por Grindr for Equality.
La experiencia de Red Somos también ha trascendido las fronteras nacionales. Desde 2019 forma parte de la Plataforma de las Américas y el Caribe de Coalition Plus y, en 2026, llevó experiencias comunitarias colombianas a la Conferencia Internacional sobre el Sida, incluyendo investigaciones y resultados del Centro Comunitario Juvenil.
La evidencia, en este sentido, no es un ejercicio académico aislado. Es una herramienta de incidencia.
Impacto
Después de 19 años, quizás la pregunta más importante no sea cuántos proyectos se han ejecutado, sino qué cambió gracias a ellos.
Cambió la posibilidad de que una persona encuentre una prueba de VIH en un espacio donde no se sienta juzgada. Cambió la posibilidad de acceder a PrEP, tratamiento antirretroviral o acompañamiento para navegar un sistema de salud lleno de barreras. Cambió la manera de entender a las organizaciones comunitarias; ya no solamente como beneficiarias o ejecutoras, sino como productoras de conocimiento, aliadas estratégicas y actores de política pública.
Y también cambió la escala de la apuesta.
La organización pasó de una experiencia localizada en algunas localidades de Bogotá a trabajar en diferentes territorios del país y a consolidar iniciativas dirigidas a jóvenes, personas LGBTIQ+, personas que viven con VIH y población migrante, refugiada y retornada.
En 2025, el fortalecimiento del Centro Comunitario Juvenil amplió el modelo hacia Barranquilla y Villavicencio. En 2026, una nueva fase proyectó llevar esta estrategia a 13.000 jóvenes de Bogotá, Cundinamarca, Meta y Barranquilla hasta 2028.
Ese crecimiento también trae una responsabilidad mayor.
Miguel Barriga lo plantea como uno de los grandes desafíos de este momento: convertir la experiencia acumulada en conocimiento que pueda ser transferido, replicado y utilizado por otras organizaciones y por los propios sistemas de salud y protección social.
Es quizá, el siguiente paso natural de estos 19 años; que lo aprendido en las comunidades no se quede dentro de Red Somos, sino que ayude a transformar las instituciones que durante tanto tiempo han estado llamadas a garantizar los derechos.
Por eso esta celebración no debería entenderse solamente como un aniversario.Es una pausa para reconocer un camino, pero también una declaración de futuro.
Porque en un país donde persisten el estigma, la discriminación y las barreras de acceso a la salud, defender la diversidad sigue siendo una tarea profundamente política. Garantizar el acceso al diagnóstico y al tratamiento del VIH sigue siendo una tarea de salud pública. Y demostrar que las comunidades tienen respuestas efectivas sigue siendo una tarea de transformación social.
Jhon Ramírez lo expresa desde el lugar donde la política pública finalmente adquiere un rostro humano:
“El mayor impacto [...] es lograr que aquellas atenciones clínicas vistas como inalcanzables hoy se encuentren ajustadas a los contextos de las poblaciones”.
Diecinueve años después, Red Somos puede mirar atrás y encontrar una historia hecha de personas, territorios, proyectos, investigaciones, aprendizajes y derechos conquistados.
Pero también puede mirar hacia adelante.
Porque la comunidad sigue siendo el punto de partida. La evidencia, la herramienta para demostrar que funciona. Y el impacto, la razón para seguir.
19 años después, Red Somos no solamente sigue existiendo. Sigue siendo necesaria.












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